PERDERSE O REENCONTRARSE ENTRE LOS CANALES DE VENECIA ES EL JUEGO PROPUESTO POR ANDRE TECHINE EN SU ULTIMO FILM, “IMPARDONNABLES”
por Pascual Quinziano
“Somos nuestra memoria, somos ese quimérico museo de formas inconstantes, ese montón de espejos rotos.”
Jorge Luis Borges
En el curso de una reseña del cine francés contemporáneo, organizada por la Academia de Francia de Roma y con la presencia de la co-protagonista, Carole Bouquet y de otros dos actores del reparto, se presentó en la “Casa del Cinema” de la capital italiana, la última película de André Techiné, “Impardonnables” , seleccionada para la Muestra “Quinzaine des Réalisateurs” en la edición 2011 del Festival de Cannes.
El film està basado en la novela homónima editada en el año 2009 y escrita por Philippe Djian. Todas las secuencias han sido filmadas en la ciudad de Venecia, en donde el agua y los canales que parecen entrecruzarse azarosamente, son las dos componentes esenciales de una escenografía natural muy frecuentada en el cine de todas las épocas, sobre todo por el arte del maestro Luchino Visconti. Ciudad en donde es inevitable extraviarse entre labirínticos canales y en donde la presencia constante de la inestabidad del elemento “agua” -aquélla de origen pluvial regida por las nubes y la de las corrientes de estrecho recorrido – en la película de Techiné no tiene otro efecto que el de acentuar la vulnerabilidad de los personajes, de demarcar sus límites y por ende, de empujarlos de algun modo a descubrirse a sí mismos, en colisión de gran violencia psicológica y física con los otros.
Los dos polos entre los cuales se debaten los protagonistas de las historias siempre extraordinarias que se narran en el cine del director francés – muy probablemente el mejor de su generación – son los de repulsión-fascinación. Estas oposiciones se presentan en un modo tan marcado al punto de llevar a la conclusión de ligámenes que impiden el libre curso de la vida (y entre éstos se incluye muchas veces también un pasado que es la prisión de todos) y a su exacto contrario, o sea, una liberación de estas ataduras de parte de los personajes, que ven perder progresivamente todas sus precarias certezas para hacer nacer nuevos ligámenes, que conducen a una nueva posición, más abierta, hacia la vida.
En este sentido, el cine de Techiné ha sido comparado con el teatro distanciado de Brecht y con algunos aspectos de la obra del desaparecido director alemán Fassbinder. Hay algo de verdad en todo esto pues es claro que también el francés apela a la capacidad de reflexión del espectador pero su modo de hacer cine tiende a implicar con más participación emotiva en la narración, a dejar desamparada nuestra sensibilidad personal ante la evidencia de las situaciones de gran vulnerabilidad que viven sus personajes.
Quien escribe estas líneas cree que no sea estrictamente necesario describir detalladamente el argumento de una película para que resulte accesible, incluso al que no la pudo ver, el razonamiento que se trata de llevar adelante en una crítica a la obra cinematográfica en cuestión. No obstante y hechas estas premisas introductorias, se retiene más que útil a los fines de dicha comprensión, enumerar progresivamente, así como aparecen en el relato de la película, los eventos que signan de un modo u otro, la dirección de la historia que Techiné narra, pues, precisamente, del análisis cronológico de los sucesivos acaecimientos se tiene ya una primera impresión sobre el modo de concebir la “idea” cinematográfica de parte del director francés. Los hechos, entonces, encadenan a los personajes entre sí y revelan muchas veces exactamente lo contrario de lo que se había mostrado hasta ese momento. Por otra parte, los mismos hechos “liberan” a estos mismos personajes de sí mismos, de su propria prisión, de aquéllo que los griegos llamaban “persona” , esto es, máscara. En “Impardonnables”, la sucesión de los eventos es la siguiente:
1. Francis, un escritor de suceso proveniente de París conoce en Venecia a Judith, una agente inmobiliaria. Enseguida le propone de convivir con él en la aislada isla de Sant’Erasmos, enfrente a Venecia. Judith acepta.
2. El protagonista vive este enamoramiento como un estado de gracia que, segun sus propias palabras lo aleja de la escritura y así, el propósito principal de su estadía en Venecia, esto es, su próxima novela, es postergado. Durante el verano siguiente, la hija del escritor, Alice, quien había ido a visitarlo, desaparece improvisamente sin dejar algun aviso sobre su destinación.
3. Francis, muy golpeado por esta novedad que vive como una verdadera pérdida o un abandono, pero al mismo tiempo angustiado como padre (aunque su hija sea mayor y ya casada) contrata entonces a una mujer-detective, Ana María, muy amiga de Judith, para que viaje a París con el objetivo de obtener alguna información sobre el paradero de su hija.
4. El estado de angustia del escritor lo aleja de Judith, quien, al final, decide interrumpir la convivencia y trasladarse de nuevo a Venecia, causando de esta manera una segunda pérdida para el protagonista, quien, por otro lado, sigue sin iniciar su novela.
5. Al final, la detective Ana María, volviendo de París, confirma lo que ya se presumía: la hija del escritor no ha desaparecido, se trata sólo de una “fuga de amor” con un joven veneciano, quizás un estratagema para evitar el conflicto con su matrimonio y muy probablemente, atraer la atención del padre. Por otra parte, Ana María ha descubierto estar gravemente enferma.
6. El escritor Francis ofrece dinero al hijo de Ana María, el ex recluso Jérémie, para que siga a Judith de día y de noche pues está obsesionado por los celos y la sospecha, desde que ella se alejó de la casa de Sant’Erasmo. Jérémie es descubierto por Judith y al final ambos sienten una improvisa, casi involuntaria atracción el uno por la otra y hacen el amor una sola vez.
7. Ana María se agrava cada día más y es asistida por Judith y Francis en su casa mientras su hijo, Jérémie, está internado en una clínica psiquiátrica pues había intentado matarse poco antes cortándose las venas. Francis lo había salvado, pues lo había encontrado agonizante en la bañadera. El escritor comienza a escribir su novela.
8. Judith y Francis se acercan de nuevo y después de la publicación en París de la novela recién escrita, el protagonista confiesa sus miedos e inseguridades a la mujer que ama.
En resumen, entre las tantas historias que se entrecruzan en un juego de correspondencias que parece encajar con una perfección casi geométrica, hay muchos eventos trágicos, sobre todo el tentativo de suicidio del joven ex recluso (magistralmente interpretado por el debutante Mauro Conte), pero Techiné omite totalmente, de la novela original de Philippe Djian, el accidente en el que fallece la primera mujer y la hija mayor del protagonista. Esta modificación del guión permite introducir al personaje de la hija mayor del escritor en dos momentos definitorios de lo que se da en llamar el plot del film, esto es, al inicio, para empezar a tejer la trama y hacia el final, para de algun modo intervenir en el desenlace del conflicto principal, que es el que agobia al protagonista y lo ha paralizado en su intento de escribir una novela ambientada en Venecia, justamente, el motivo de su viaje desde su ciudad, París.
Como se ha anticipado al inicio de este artículo, Techiné utilizará no ya simbólicamente sino como recurso dramatúrgico que aflora una y otra vez en momentos claves del relato, lo que se podría definir como una dialéctica del agua que recompone al final lo que al inicio había descompuesto. Una presencia, entonces, la de este elemento que lleva a los personajes de “Impardonnables” a despojarse de toda máscara y como sucede siempre en las películas del director francés, a abandonar cualquier juego defensivo, pues, el agua que todo se lleva consigo, logra en mayor o menor tiempo, erosionar todo, purificar todo.
Ya en la primera secuencia del film se asiste a la función dramatúrgica de este elemento natural: la lluvia impide al escritor Francis salir de la oficina inmobiliaria donde trabaja como agente Judith (Carole Bouquet). Desprotegido al no llevar ni impermeable ni paraguas, la interpela con esta significativa frase: “¿No es que me dejará salir afuera con este diluvio?”. Poco después, cuando ambos se dirigen fuera ya de Venecia, atravesando en lancha la amplia laguna para visitar una casa en alquiler situada en la isla de enfrente (Sant’Erasmo) a causa del desperfecto del motor, el viento los detiene en medio de la laguna y deben remar “contra la corriente”.
La desaparición de la hija de Francis, abre entonces las puertas hacia un vacío, como suele ocurrir en algunas obras anteriores de Techiné: el marido fallecido en la guerra en “Les engarés”o el suicidio del amante de Juliette Binoche en “Rendez-vous” (1985), premiada en el Festival de Cannes y que dejan de repente a los protagonistas inermes frente a los eventos. La incógnita sobre el paradero de Alice (pero son bastantes claras las señales de una fuga pasional) es en realidad la manifestación de otra incógnita: aquélla que ya se había instalado en la mente del escritor ante la carcajada de su hija al escuchar la confesión de que vive su enamoramiento casi como un adolescente. En efecto, es ésta irónica reacción la última imagen de la hija de Francis antes de partir y se reconoce en esta actitud una pitonisa de los oráculos o una Eva que no cree en los Paraísos terrestres (en efecto, mientras ríe en la cara al padre come una manzana), mucho menos para un hombre que, ya pasados los sesenta años hace rato, quiere recuperar una suerte de “Edad de la inocencia” creyendo en el amor de una mujer mucho más joven que él.
Es éste el primera desvío, el primer “error” diríamos, utilizando las definiciones aristotélicas sobre el héroe trágico. Se pasa de esta manera de la búsqueda de la inocencia al infierno de la sospecha a causa de los celos que empujan al escritor Francis a contratar al ex-recluso Jérémie para que siga a Judith y le informe sobre cada paso de ella. A su vez, Ana María se aleja de Venecia y deja a su hijo solo en un momento delicadísimo como es la vuelta a la vida en libertad después de la cárcel. Tambièn este personaje está tentado por recuperar algo de su juventud volviendo a París en su función de detective para reencontrarse con algunos de sus amores del pasado (todas relaciones homosexuales con mujeres). Por otra parte, Judith traiciona al escritor Francis, traicionando en realidad el sueño de éste: volcándolo se prodría decir, esto es, dándolo vuelta: ahora es ella, mujer más que madura que se siente atraída por un hombre mucho más joven, Jérémie.
La culminación de esta sucesión encadenada de encuentros y desencuentros entre los personajes de la película, lleva a una suerte de crescendo de violencia que para el escritor se cierra como en un círculo perfecto con su posterior caída en la laguna después de ser embestido a propósito por otra lancha conducida por el mismo joven recién salido de la cárcel (Jérémie), personaje de caràcter salvaje que recuerda al adolescente analfabeta Yvan de “Les engarés”. El protagonista “naufraga” y de consecuencia, esta vez no podrá evitar mojarse, sin la protección invocada al inicio del film de Judith, la agente inmobiliaria interpretada por Carole Bouquet, de quien permanece alejado, obsesionado con sus celos. La diosa fortuna no le sonríe más y la violencia de Marte se ha impuesto a la belleza de Venus: de ahora en adelante, deberá tratar de mantenerse a flote solamente con sus propias fuerzas.
La visión sobre algunos tópicos de la existencia es en Techiné, la de un romántico tardío o si se quiere, la de un pagano a la búsqueda del “perdón” de los Dioses que no dejan de castigar nuestro eterno desafío a sus poderes, a la fuerza de la Naturaleza. En primer lugar, obviamente, la del inexorable transcurso del tiempo, de la no repetición de lo que ya pasó, como las corrientes de los canales de Venecia. En este sentido, todo remite al gran descubrimiento de Heráclito: jamás la misma agua pasa por el mismo lugar. Por lo tanto, el sentimiento del escritor por la agente inmobiliaria Judith tendrà otro sabor, como se desprende de la escena final del film, pero ya no más el de la inocencia de la adolescencia, otras de las obsesiones del director francés, por otra parte magníficamente celebrada en la memorable y multipremiada en Francia, “Les roseaux sauvages” (1994), cuya traducción literal es “las rosas salvajes”.
En definitiva, la apuesta de la obra de Techiné, incluso en las películas de tinte más pesimista como en “ J ’embrasse pas “(1991) sobre la prostitución en las grandes ciudades, es claramente hacia el Eros, en combate permanente con el dios muerte, Tanatos. “Impardonnables” comienza con un invierno y se cierra con el verano. La sucesión de las estaciones, pues, es un leit-motiv del relato romántico, así como el triunfo de la renovación de la vida. El cielo se ha despejado de amenazantes nubes en las últimas secuencias de la película y ahora, sin la niebla invernal, es posible adivinar un nuevo horizonte, una segunda oportunidad para todos los personajes, bajo un nuevo sol. “Yo aun soy joven…el tiempo está de mi parte” le dice Jérémie al escritor Francis en su despedida antes de partir.
La fragilidad de la condición humana, absolutamente condicionada por el tiempo, es la que acomuna a todos en este planeta. Es éste el significado de la cantilena, una canción popular veneciana que se escucha al inicio y hacia el final de la película de Techiné y que habla de un pueblo en el que todos nacen con la joroba (“Gobbo mio pare, gobbo mia mare…”). Es decir, con un peso, una carga existencial que los Dioses no ahorran a ninguno. Si la trama de “Impardonnables” parece enredarse en sí misma como las corrientes de agua de Venecia es porque, sencillamente, no otra cosa ocurre en la realidad. La ley para no ahogarse es paradójicamente, la de caer en el canal de la vida y no naufragar, no terminar sumergido por las aguas como le sucede a Jérémie en su tentativo de suicidio en el baño.
Es así como la caída en desgracia a partir de una situación de fortuna, segun la antigua cultura griega parece ser la única vía para la recomposición (¡el perdón!) entre lo humano y lo sobrehumano, dos mundos de otro modo inconciliables. Como Ulises, abandonado al azar de los vientos (¿la estatua -reproducción de un original griego – de la casa del escritor lo representa?) que en griego es llamado “Odiseo”, es decir, “odiado por los Dioses”, se trata de aprender la vieja lección de Neptuno que le advierte después de enésimo naufragio: nada, absolutamente nada consigue el hombre sin el auxilio de los Dioses. El destino, de todos modos, puede albergar siempre una segunda oportunidad.
En definitiva, esa materia arenosa que forma nuestra memoria, como las fotos que compulsivamente saca el protagonista escritor para capturar la belleza de una Venecia enmascarada y evanescente, está hecha, segun la cita de Borges que encabeza esta crítica, de “un montón de espejos rotos”. Cuando uno encuentra la seducción de Eros, ese montón de espejos rotos puede convertirse en una sonriente y ya duradera imagen de esa belleza, cono en el fotograma del hermoso rostro de Carole Bouquet que pone el punto final a la historia narrada en esta última película de Techiné. En esa terrible batalla que se desarrolla en la mente del escritor Francis, la dulce sonrisa de Venus ha vencido a la violencia del dios Marte y aleja la muerte más allá del horizonte de los propios sueños.